LOS MERCADOS TAMBIÉN PUEDEN SER DE IZQUIERDAS

Jueces, reos y verdugos

En los últimos tiempos cada vez que escuchamos hablar de los mercados es para echarnos cuerpo a tierra; porque ese ente abstracto e intangible, suele dictar más o menos cada quince días o un mes, terribles sentencias que condenan implacablemente no ya a una persona, sino a países enteros.

Sus condenas son de todos conocidas, y de una u otra manera, siempre redundan en lo mismo; en recortes salariales, recortes de pensiones y otras prestaciones sociales; en definitiva en un drástico recorte de la calidad de vida de las clases menos pudientes de la sociedad. Además, estas sentencias, curtidas ya por muchos años de ser emitidas, han logrado acuñar un lenguaje que hace estas medidas hasta deseables por lo neófitos; así al recorte de pensiones y prestaciones sociales no se les llama así, porque queda como izquierdoso, sino “reducción del déficit”, y, oye, parece que queda hasta bonito. O esta moda de los últimos años de llamar ERE a los despidos masivos, ésta ya es para nota, y hasta los pobres trabajadores se quedan más conformes, porque no los despiden, sino que les hacen un ERE.  En fin

En este contexto, además, las organizaciones de trabajadores, fundamentalmente los sindicatos, entran en una lógica diabólica; dado que el dictamen de los mercados suele ser inapelable en su juicio de culpabilidad o inocencia, lo único que les queda es ir a suplicar caridad para el reo; que el ERE afecte al mínimo número de trabajadores posibles, que los que se vayan lo hagan en las mejores condiciones posibles, pero al fin y al cabo no sólo quedan a la defensiva, sino que en el cien por cien de las ocasiones, por salvar los muebles, terminan claudicando y dando su aprobación al ERE o a la medida que sea (aumento de la edad de jubilación, por ejemplo). De esta manera, al final, las propias organizaciones de trabajadores terminan apareciendo ante los mismos como meras gestorías  administrativas o asesorías jurídicas expertas en ERES, y no como lo que realmente están llamadas a ser desde siempre: organizaciones de lucha y defensa de los intereses de los trabajadores, y esto termina redundando a su vez en una cada vez mayor debilidad de las mismas, provocando no ya un círculo vicioso sino una auténtica espiral de autodestrucción.

Es verdad que en el contexto actual, en el que el capital goza de absoluta libertad de circulación y no tiene problemas en emigrar a países donde las condiciones laborales pueden llegar a ser de cuasiesclavitud, los sindicatos y otras organizaciones no tienen mucho margen reivindicativo; porque a las primeras de cambio, se produce la llamada “deslocalización” (otra bonita palabra que esconde terribles realidades) y al final hay una salida del capital  a las bravas.

Puede llegar a ocurrir que antes del juicio venga incluso el policía bueno, y nos prometa la libertad si, por ejemplo “ligamos los salarios a la productividad” (otra expresión cautivadora, que nos hace pensar en qué bueno es esta policía buena que viene a España a decirnos cosas tan acertadas, si no fuera porque oculta  que lo que quiere decir es que  nuestra relación salario/productividad debe ser la misma que la de los países adonde el capital se “deslocaliza” buscando mano de obra cuasiesclava).

Pero frente a un juez implacable como los mercados, lo mejor es darle buenos argumentos para que sus sentencias sean distintas.  Me explico.

Si está claro que, desde el punto de vista del papel clásico de los sindicatos y otras organizaciones obreras, queda poco que hacer por lo que más arriba he dicho, habrá que buscar otras alternativas, que también podrían, o mejor deberían, ser lideradas por esas organizaciones, y esas alternativas están en el mismo mercado;hoy día  si las sociedades occidentales tienen algún valor dentro del esquema capitalista de producción, no es por su capacidad de producción sino por su capacidad de consumir esa producción; de manera que es evidente que si hubiera una acción concertada de un número suficiente de sociedades de distintos países grandes consumidores, sobre los productos de determinadas empresas, estas empresas probablemente terminarían doblegándose a las exigencias de esas sociedades y, como un saludable efecto secundario, despidiendo a los directivos a los que se les hubiera podido ocurrir la idea que desató esa reacción social en contra de sus productos.

Es verdad que ha habido algunos intentos muy tímidos y que en España el único del que tengo conocimiento (el boicot al cava catalán), lo utilizó la extrema derecha y para unos fines más que discutibles para una gran parte de la sociedas española, lo que ha podido hacer caer esta idea en cierta desconsideración, pero quizás el problema haya radicado en que las organizaciones sociales (principalmente sindicatos y partidos políticos de izquierdas) no hayan visto que esto puede ser un muy eficaz instrumento de lucha.

Así se podría luchar contra el dumping social, que tendría el doble beneficioso efecto de impedir la continua sangría de puestos de trabajo en nuestros países y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de los países tercermundistas (si no se compra el petróleo procedente de un país africano con dictador muy conocido de los españoles, probablemente la multinacional que lo sostiene acabaría con él en semanas o días, por ejemplo). Así, cuando un Consejo de Administración se reuna para decidir si  aprueba o no un ERE (otra vez la palabrita) para trasladar la fábrica a un país del tercer mundo, podrá hacerlo en libertad, pero sabiendo sus consejeros que sus puestos, generosamente bien pagados,  corren  igual o más peligro que los de los trabajadores que van a despedir.

Apuesto a que si un día esa amenza a los puestos de los consejeros que aprueban ERES llegara a cumplirse, los ERES dejarían de llamarse así; es más, hasta dejarían de tener nombre.

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2 respuestas a LOS MERCADOS TAMBIÉN PUEDEN SER DE IZQUIERDAS

  1. Elena Tolmos dijo:

    Jose Aurelio, ¿por qué tenemos esa absurda costumbre de etiquetarlo todo? ¿por qué se tiene que ser de izquierdas o derechas? ¿es que llevar esa etiqueta nos hace mejores o peores? Disculpa pero estoy cansada de tanta teoría, tanta etiqueta, tanto diálogo destructivo. Lo que nos hace verdaderas personas es el respeto por los demás, por sus ideas, el comportarnos con rectitud…Creo que tendríamos que prestar más atención a cada la persona, a su trayectoria, a su forma de conducirse en la vida y emitir entonces una opinión (si es que nos consideramos capaces) y en la medida de lo posible, evitar generalizar.

    • Ojalá fuera todo tan fácil, Elena; pero alguna respuesta te daré; al menos en mi blog no encontrarás propuestas destructivas. Todas las entradas describen un problema y aportan una solución; no se ataca a nadie en particular sino a instituciones o sistemas que entiendo que sí son destructivos, pero siempre ofreciendo propuestas, que gustarán o no pero que al menos aportan algo. Y si no lo hacen, al menos hacen pensar. Con eso me conformo.

      Respecto de los valores que señalas en tu comentario, creo que en abstracto los suscribimos todas las personas de buena fe. El problema está en encontrar de qué manera se pueden llevar esos valores a la práctica; porque no te olvides que la propia sociedad en la que vives es la que te condiciona, y hace que muchas veces te sea imposible o muy difícil mantener esos valores.

      Por tanto, la cuestión no está en que se suscriban o no esos valores, probablemente todos lo hagamos (hasta los de derechas que lo sean por convicción ideológica); el problema está en encontrar el tipo de sociedad donde esos valores juegan más fluidamente, y ahí, para bien o para mal, o se es de izquierdas o se es de derechas.

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