HEROÍNAS DE LO COTIDIANO

 

Estemos o no de acuerdo con este tipo de celebraciones, de lo que no cabe duda es de que el mero hecho de que se celebre el Día de la Madre, hace que todos nosotros tengamos un recuerdo  para la nuestra en esta jornada. Y generalmente este recuerdo, por estar lleno de admiración o sentimiento singular hacia ella, que seguro que en todos los casos, será siempre y en todo cado la mejor madre del mundo, nos impide tomar la perspectiva suficente como para poder comprender el verdadero papel que ejercieron durante generaciones y generaciones, no ya nuestras madres, sino el resultado de la suma de todas ellas, o lo que es lo mismo, el colectivo de mujeres en general.

Para no caer en los tópicos, este artículo no quiere ser un homenaje a la madre, aunque se escriba con ocasión del conocido como Día de la Madre, sino un homenaje a la mujer en general; colectivo integrado por millones de madres que como las nuestras, sufrieron los horrores y la miseria de la guerra, la posguerra y de una sociedad machista que nunca supo reconocer suficientemente su trabajo.

Por eso el día de la madre, más que ser el día de nuestra propia madre, que seguro que lo es para todos, es ante todo el día de aquellas mujeres asumían, sin cuestionarse siquiera si querían hacerlo o no, la responsabilidad de echarse sus casas a sus espaldas, de ser la columna vertebral de las mismas, las que nunca podrían fallar, a las que siempre se les exigía todo y rara vez se le reconocía nada; las que vivían obligadas de por vida bajo costumbres esclavizantes, como el luto, el deber de obediencia al marido, o la obligación de asumir las tareas más desagradables del hogar, como el cuidado de los enfermos, de los propios o de los de la familia del marido; aquellas a las que se les exigía a la vez ser amantes, lavanderas, planchadoras, costureras, cocineras, enfermeras, y también y sobre todo madres.

Esas mujeres, duras como el granito, pero  a la vez enormemente tiernas con sus seres queridos, tiernas como nunca los hombres supieron o quisieron ser,  tenían que ser necesariamente así porque no podían ser de otra manera; mientras que los hombres podían ser héores de guerra o simples borrachos, grandes trabajadores o simplemente unos vagos sin remedio, ellas debían estar siempre al pie del cañon siendo no héroes de guerra, sino heroínas de lo cotidiano, obligadas a luchas y ganar día a día la batalla de sacar una casa adelante por encima de todo, y además a ser una ser gran madre de unos hijos que generalmente eramos unos egoístas inmisericordes o fieles esposas de unos maridos que casi nunca supieron estar a la altura de ellas, porque en la mayoría de los casos ni siquiera sabían que tenían que estarlo.

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Una respuesta a HEROÍNAS DE LO COTIDIANO

  1. Manuela Gómez dijo:

    QUE BONITO ARTÍCULO Y QUE BIEN ESCRIBES, SIGUE EN ELLO, ME ALEGRA LEER COSAS TAM BUENAS Y ME HACE REFLEXIONAR CUAL ES NUESTRO PAPEL EN LA VIDA.

    BESOS
    MANUELA

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