SIN ÁNIMO DE PONTIFICAR…

 

Puede decirse que un ignorante hablando de lo que no sabe resulta generalmente un personaje patético, y por tanto yo no voy a hacerlo; sobre todo si se trata de una cuestión como la que voy a tratar, sobre la que tantos han tratado y sobre la que esos mismos tantos generalmente se han equivocado.

Sin embargo, entiendo que el no saber legitima para, al menos preguntar, y de esa manera acercarnos a la verdad. Por eso, me permito no pontificar, pero sí preguntar.

La cuestión que planteo es la siguiente: con algunas pocas excepciones, la economía  del área del euro se encuentra en una profunda crisis, que está causando estragos generalizados en todos los países que la integran, si bien es verdad que en unos más que otros, alcanzando a España con singular intensidad.

Tan profunda es la crisis, que hemos pasado por fases de crecimiento negativo o cercano a cero; con fases de deflación, que se han visto superadas por algo todavía potencialmente peor, como es el fenómeno conocido como “estanflación” o situación inflacionaria a pesar de que la economía se encuentra estancada.

Sobre las causas de la crisis, creo que también existe amplio consenso a la hora de identificarlas; se trata de causas netamente financieras; o más concretamente, que por los circuitos económicos no corre el suficiente dinero,  bien porque no existe en la cantidad neecesaria o bien porque algunos agentes encargados de hacerlo circular (sistema bancario) no lo hacen con la intensidad que sería de desear.

Donde surgen las diferencias es en las soluciones: en España, y habida cuenta de que la misma está integrada en la zona euro y, por tanto ha perdido su soberanía monetaria, se acudió por los poderes públicos al intento de dinamizar la economía inyectando dinero procedente del endeudamiento, mediante diversos planes de obras públicas, sin que tal intento tuviera resultados notables más allá de las propias obras ejecutadas. Entiendo que porque se trató únicamente de un esfuerzo puntual y no sostenido, y porque al final, al haberse obtenido los recursos mediante deuda, hay que volver a retornar los mismos a los acreedores, con lo que el dinero vuelve a salir del sistema.

Otro intento cristalizó en la denominada reforma laboral, que tampoco ha tenido resultados tangibles (más bien al contrario);  y ello porque como se ha dicho, la causa de la crisis no era la estructura del mercado de trabajo, sino el colapso financiero.

Y el último intento hasta ahora se centra en la reducción brutal del déficit público, con la idea de tener unas cuentas más saneadas, que permitan destinar más recursos a reflotar la economía y reducir los niveles de deuda que lastran a casi todos los países de área hasta límites casi insoportables.

El problema que tienen las políticas de reducción del déficit es que  retroalimentan los procesos de decrecimiento económico: si los poderes públicos reducen su gasto, esto se traduce en menores pensiones, menores inversiones, menores salarios en el sector público, etc., y todo ello con un poderoso efecto multiplicador que termina agravando el problema al contraer la economía. La situación es entonces que el sistema  productivo queda infrautilizado y con una ingente cantidad de recursos materiales y humanos vacantes. Parece que Grecia es un ejemplo claro de esto que estoy exponiendo; los  cuantiosísimos “rescates no sirven por si solos, puesto que se conceden a cambio de drásticos recortes en el gasto público y no logran reactivar la economía, con lo que la misma es incapaz de generar recursos suficientes para crecer.

            Entonces, la pregunta que como ignorante en la materia me planteo, y que espero que alguien que sepa me la resuelva, es la de por qué no hacer lo contrario; es decir,  por qué no acudir al recurso de la Fábrica de Moneda e inyectar masivamente dinero en las economías del euro, vía ejecución de obras públicas, por ejemplo.

            Esta solución tendría la ventaja, comparada con el intento español, que permitiría mantener el esfuerzo con el tiempo y la intensidad necesarios sin agravar el problema del déficit, y desde luego relanzaría las economías poniendo de nuevo en funcionamiento los recursos hoy vacantes.

            La respuesta fácil a esta pregunta ya la sé; es la que dan los economistas con una monotonía que llega a resultar sorprendente, y es la de que esa solución, la de inyectar masivamente dinero al sistema, generaría una inflación insoportable.

            Pero, como digo, esa es la respuesta fácil, pero no es una respuesta satisfactoria: las economías son inflacionarias cuando la demanda  es superior a la oferta (eso es el “aeiou” de la economía clásica); y ese no es el caso actual, sino más bien al contrario; existe una demanda muy contraida y un sistema productivo infrautilizado hasta niveles no conocidos desde hace mucho tiempo. Además, actualmente estamos en una situación que se mueve entre la deflación y la estanflación (sin que se sepa qué es peor); por tanto, y tratándose de una emergencia económica y sobre todo social como es la actual, la elección entre soportar decenas de millones de parados en toda Europa o tener una inflación de, por ejemplo, el 12 ó el 15 por ciento, parece bastante clara.

            Por tanto, y como no quiero pontificar, lo que pido es que alguien me dé una respuesta satisfactoria, que no se quede en la solución fácil.

            Si alguien tiene esa respuesta, millones de parados y sus familias se lo agradecían.

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