POLÍTICAS DE CAMPANARIO.

Uno de los males que tiene el tipo de democracia que vivimos es que en ella tienen cabida, y lo que es peor, audiencia, cualquier indocumentado  que quiera lanzar cualquier propuesta por más descabellada que sea. Basta que se toque algún sentimiento de paisanaje irredento, para que afloren todas las pasiones y todos se lancen en pos de aquel loco abanderado, en una especie de emulación del famoso cuento del Rey desnudo. Y al servicio de los disparates que al descerebrado de turno se le ocurra, se destinan y dispendian toda clase de fondos públicos, y además a bombo y platillo, porque todo el mundo ve al Rey vestido.

             Ejemplos no nos faltan, hay aeropuertos sin aviones, pero también hay proyectos de aeropuertos en Huelva cuando tenemos dos aeropuertos muy cercanos en Sevilla y Faro que nos dan el servicio que nos tendría que dar el de Huelva. Sin embargo, que yo sepa, nadie ha pensado en extender la proyectada línea de alta velocidad a Sevilla hasta el Aeropuerto de San Pablo. O hasta casi causa sonrojo pensar en que se está pensando en un aeropuerto para traer turistas a Huelva cuando ha fracasado estrepitosamente el proyecto, mucho más modesto de organizar un sistema de autobuses que trajese los turistas desde Faro y los repartiera por los distintos hoteles. Y eso a pesar de los esfuerzos de Juan Antonio Millán por mantener el servicio. Si no somos capaces de organizar algo tan elemental ¿seremos capaces de mantener un aeropuerto? Sin embargo, a mi me da la impresión de que casi todo el mundo piensa que el aeropuerto de Huelva es, hoy por hoy, una locura, pero a ver quién se atreve a decirlo.

            Pero tampo hace falta irse a las grandes infraestructuras, basta que un novel político ayamontino con ganas de notoriedad se le ocurra pedir que cambien el nombre de las Marismas de Isla Cristina, para que un tema que era pacífico, que nadie se cuestionaba ni se planteaba, ahora se plantee como un “casus bellli” entre dos pueblos tradicionalmente hermanos; todo porque en Ayamonte y en Isla Cristina todo el mundo se empeña en ver a su propio Rey vestido; convirtiendo una cuestión baladí en una mecha encendida de la que no se conoce donde acaba.

        

 

    O lo que he visto últimamente, que me tuve que parar dos veces para leerlo porque me resultaba increíble y todavía lo considero a pesar de haberlo leído, ¡que Julio Iglesias venía a dar una gala a un pueblo de Cordoba! Supongo que en ese pueblo no habrá Dios que se atreva a criticar que semejante celebridad dé su gala en las fiestas del pueblo, que seguramente serán este año de las mejores de la provincia, ¿pero eso es racional?

 

 

 

 

 

    Yo sé que estas pequeñas líneas pueden molestar a algunas personas; sobre todos a aquellos que Domingo Prieto llamara en su momento “onubenses irredentos”, o, trasladándonos a cada campanario particular, “ayamontinos irredentos” o “isleños irredentos”, o de donde quiera que sean siempre irredentos. Pero yo creo que ya va siendo hora, sobre todo en los tiempos que corren, que abandonemos la política de lo políticamente correcto, la política de campanario y se empiece a pensar un poco más generosamente; en lo que de verdad conviene, y en lo que de verdad se puede y se debe hacer. Seguro que ganaríamos mucho en la eficacia y en la eficiencia de las Administraciones Públicas, y en las inversones de las mismas.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s