LA IZQUIERDA NECESARIA

 El mundo de la política suele estar lleno de paradojas; muy a menudo suele ocurrir que las cosas no son como dicen que son, sino todo lo contrario. Y el lenguaje utilizado suele ir más en consonancia con lo que es “políticamente correcto”, que con lo que se corresponde con la realidad que se quiere expresar. Así por ejemplo, no deja de causar asombro el hecho de que sea la izquierda, antaño internacionalista, la abanderada de cualquier nacionalismo/localismo que haya por ahí. Exagerando un poco (no mucho), recuerda aquel anuncio de Villarriba y Villabajo, sólo que aquí en vez de pelearse por quién limpia mejor la grasa, se pelean por quién defiende con más ímpetú los peculiares intereses de su terruño, cantón, pueblo, nacionalidad, región o como le quieran llamar en cada momento. En este contexto, hablar de la solidaridad internacionalista que es la quintesencia de la izquierda, no queda más que como un recurso retórico, un poco anticuado eso sí,  para utilizarlo con su poquillo de vergüenza incluida en los foros más puristas a los que de vez en cuando es necesario ir.

La derecha lo hace al contrario; la derecha de “las banderas victoriosas”, la que se le llenaba la boca con las palabras patrióticas, la de la exaltación nacionalista, juega al internacionalismo capitalista, a la globalización, a la libre circulación de capitales, a las grandes corporaciones internacionales cuyo poder se impone a toda clase de políticos y países, etc.

El resultado es un poco “el mundo al revés”; mientras la izquierda se atrinchera en Villarriba y mira con cara de pocos amigos a los de Villabajo, aunque sean de un partido hermano,  el poder capitalista se va haciendo dueño del mundo.  Y aquí nadie duda ya de que se gobierna al dictado de los mercados (eufemismo para indicar que se gobierna al dictado de los banqueros y grandes capitalistas), aunque (otra vez lo políticamente correcto) nadie se atreva a reconocer públicamente lo que es una realidad clamorosa.

            En esta situación me van a permitir que haga dos afirmaciones un poco fuertes:

             La primera es la que de la suma “nacionalismo+socialismo” lo que sale es un resultado que no me atrevo ni a escribir.

             La segunda es la de que, en este contexto, las mal llamadas “elecciones democráticas” para lo único que sirven es para darle una manita de barniz de legitimidad a este proceso mundial en el que el capital va suplantando al poder político. Dos ejemplos muy recientes ayudarán a demostrarlo:

 

          Tras las últimas elecciones, se ha producido en Andalucía una mayoría de izquierdas, que algunos han querido ver como el principio del fin del avance imparable del Partido Popular. De esta manera, Andalucía se está vendiendo como una especie de Covadonga de la izquierda desde donde comenzar la reconquista.

            Sin embargo, todos sabemos que un gobierno andaluz de izquierdas y nada, es nada en medio de la nada; porque nada podrá hacer frente a quienes tienen todos los recursos económicos y jurídicos, y no me estoy refiriendo única ni principalmente al Gobierno Central.

            A mayor escala, en Francia se espera una victoria presidencial de la izquierda en la segunda vuelta de las elecciones que actualmente se están celebrando; victoria de la izquierda que, por cierto, se produciría con el permiso de la extrema derecha  de Jean Marie Le Pen (otra paradoja). Pero todo el mundo sabe que el nuevo  Presidente francés, por sí sólo no será capaz de enfrentarse a esa hidra de mil cabezas que es el poder económico mundial.

            Sin embargo, creo que el candidato francés, al darle en sus declaraciones públicas una dimensión europea a las elecciones francesas, está dando en la tecla; está atisbando la solución a nuestros problemas actuales que, bajo mi punto de vista, pasa inexorablemente por la existencia de una izquierda que recobre y refuerce su sentido internacionalista, y que frente a las grandes corporaciones económicas mundiales no se alce el Partido Comunista de Villlarriba o el Partido Socialista de Villabajo (sección renovadora), sino la izquierda global, de manera que nunca más vuelva a ocurrir que tenga que venir a España un emisario de ese poder económico mundial para examinar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado antes de que éste pase al Parlamento para su aprobación (con estos antecedentes, aparte de llena de vergüenza, ¿dónde queda la soberanía nacional?).

            Es verdad, y todos lo sabemos, que ni España, ni Francia, ni ningún país aisladamente considerado puede hacer frente a esos poderes económicos mundiales; a lo más, como los buenos trileros y para que la gente se siga tragando el truco, dejarán que cualquier país (Francia, por ejemplo) saque los pies del tiesto una temporada, y después, cuando el díscolo canse, lo llamarán a capítulo y lo meterán en el redil con su correspondiente castigo.

¿Y cómo se articula esa izquierda internacionalista o panaeuropea? Pues creo que una buena manera sería refundar la Internacional Socialista para que deje de ser una Federación de Partidos autónomos que de vez en cuando se reúnen y debaten sobre lo divino y sobre el sexo de los ángeles, y se convierta en el Partido de los Socialistas de Europa, todo lo descentralizado que se quiera, pero todo lo unido que sea necesario para hacer frente a los nuevos retos que impone la sociedad actual. Sólo así se podrá hacer frente a problemas actuales como la deslocalización,  la competencia desleal en los mercados por la utiización por el capital de mano de obra cuasiesclava, el gobierno de las grandes empresas que por la naturaleza de las prestaciones que realizan deberían ser públicas (eléctricas, banca, telecomunicaciones, etc.).

De otra parte, ese Partido de los Socialistas Europeos debería plantearse no ser una mera estructura electoral (otra más no, por favor), sino que debería incrustarse en todo el tejido social europeo, de manera que los ciudadanos no lo vieran como algo ajeno a ellos, sino como parte de ellos e instrumento imprescindible para la defensa de sus derechos como ciudadanos que quieren seguir siendo dueños de su destino.

Si me pongo a pensar en la alternativa a esto que propongo, una y otra vez se me viene a la memoria la ciudad que tuvo que ser salvada por Robocop. No sé si tecnológicamente estaremos cerca o no de que llegue un Robocop, pero de lo que sí estoy seguro es de que estamos más cerca de lo que muchos creen de aquella ciudad políticamente muerta y moralmente vendida al postor que mejor la engañó. Y no hablo de ciencia ficción.

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4 respuestas a LA IZQUIERDA NECESARIA

  1. Manuela Gómez dijo:

    UNA REFLESIÓN MUY ACERTADA Y CON
    LA QUE ME IDENTIFICO TOTALMENTE.
    SIGUE MOSTRANDONOS TUS REFLESIONES, SON MUY INTERESANTES SOBRE TODO EN ESTOS MOMENTOS DE ICERTIDUMBRE.

    BESOS
    MANUELA

  2. Pilar Gómez dijo:

    Me encanta tu claridad en estas necesarias reflexiones e ideas……Es verdad, Justa, el mundo parece girar en esa espiral, los hechos así lo demuestran, y cada vez más, pero en cambio muchos políticos siguen mintiendo y los peores son aquellos que culpan de todos los males, al que tiene enfrente, antes de reconocer que son marionetas a las ordenes de los especuladores-mafiosos…Así que yo, también creo que la izquierda global es necesaria, para que el pensamiento económico este al servicio de los ciudadanos, con respuestas solidarias y reales, porque pensar en la otra alternativa me horroriza…………….Un abrazo

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