REVOLUCIÓN

 

El Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, ha hecho un llamamiento a la clase política para que se deje de peleítas y comience en realidad a preocuparse de los problemas de los andaluces. Y enseguida han saltado los destinatarios de tales críticas a matar al mensajero. Como si este hombre, luchador del pueblo desde siempre, no tuviese toda la razón del mundo, como si no fuera verdad que la gente está hasta el gorro de tanta política de medio pelo, de tanto fariseismo y de tanta hipocresía política.

 

     Basta escuchar las cosas de que hablan estos políticos en los foros institucionales para los que los elegimos una vez tras otra sin escarmentar, para comprobar lo acertada de la adminición del Defensor del Pueblo Andaluz; es verdad que de vez en cuando hablan del drama de los millones de familias que están sufriendo los embates del desempleo, es verdad que de vez en cuando hablan de los cientos de miles de familias que se están viendo desahuciadas, es verdad que de vez en cuando hablan de cómo el llamado Estado del Bienestar se nos escurre por las alcantarillas, pero no nos engañenos (seguro que ya cada vez son menos los que se engañan), su preocupación no es real; utilizan estas miserias de nuestros días como instrumentos de desgaste y destrucción del contrario  pero pocas veces se toman en serio la posibilidad de una solución, entre otras cosas porque saben que la solución no puede venir desde dentro del sistema en el que ellos suelen estar cómodamente instalados.

 

          En el fondo les da igual, se creen intocables por el hecho de haber sido elegidos por unos votos populares en este simulacro barato de democracia con la que nos engañan y sojuzgan a diario, y creen que esa legitimación, que en el fondo es la más ilegítima de todas por lo que tiene de engaño a la sociedad, les da patente de corso para construir y destruir personas y haciendas.

            Así, no les importa utilizar sus tribunas para fortalecer su propia posición política, antes que para luchar por solventar la angustiosa situación que vivimos, y desde la privilegiada posición que las mismas les proporcionan no dudan en retorcer la verdad hasta dejarla irreconocible, en atentar contra el honor y la dignidad de las personas, en arengar más o menos directamente  a sus seguidores para que a su vez estos consumen el linchamiento social que ellos han incitado pero que después farisaicamente niegan, haciendo un ejercicio de goebelianismo contemporáneo que da escalofríos contemplar.

 

            Y en todo esto, en medio de todas estas peleítas y de luchas indignas, aparece el ejemplo de dignidad que nos están dando los mineros astuarianos. Ni siquiera la descarada utilización política de la Eurocopa como silenciador de este movimiento obrero está siendo capaz de acallar la lucha de esto mineros, que no sólo es una lucha por sus puestos de trabajo, es ante todo una lucha por la dignidad del pueblo frente a la indignidad de la clase política, que salvo muy escasas excepciones únicamente aspira a instalarse en la cosa y vivir de ella todo el tiempo que pueda.

 

         La lucha de los mineros del carbón es la que debe marcarnos el camino: marchando hacia el Congreso y el Senado para hacerles ver a nuestros mal llamados representantes, que están allí para remover los obstáculos que dificulten o impidan que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social, tal y como establece una Constitución que han terminado por hacer indigna e inservible a fuerza de invocarla en vano.

       Pero no nos equivoquemos, o los mineros de Asturias y de León se covierten en punta de lanza de un movimiento revolucionario que rompa con el actual estado de cosas, o nada cambiará.  La lucha de los mineros del carbón debe ampliarse, extenderse como una mancha de aceite entre toda la clase trabajadora de Europa, y hacerse fuerte hasta ocupar los verdaderos centros de poder y ponerlos de verdad al servicio del pueblo: debe ser el pueblo el que se plante delante de cada Parlamento de Europa y les diga a sus ocupantes,  que el engaño se acabó, que el cuento ese de que estamos en democracia porque cada cuatro años metemos un papelito en una caja de cristal, es un cuento ya gastado y que no se lo cree nadie; que se plante frente a las entidades financieras y les haga saber que ya finalizó su vampirismo social; que se plante frente a los especuladores y les haga saber que en la nueva sociedad revolucionaria sólo habrá sitio para la gente que quiera trabajar de verdad y con su trabajo contribuir a engrandecer la comunidad; que frente a los manipuladores de la opinión, los demagogos y los goebelianos, existe una organización obrera que reaccionará con todo el vigor y toda la fuerza necesaria para proscribir estos comportamientos y expulsar de la vida social a sus autores; que se plante frente a los cuarteles y llame a los policías y soldados a ponerse al servicio del pueblo y dejen de servir de elemento de protección de las estructuras e instituciones que contribuyen al mantenimiento del actual estado de cosas. Y en fin, que deje completamente claro que toda la riqueza y todos los recursos sociales en última instancia no son propiedad de nadie si con ello se contribuye a la pobreza de otros, sino que sobre todo y ante todo están al servicio de la comunidad para su disfrute equitativo entre todas las personas que acepten vivir bajo este ideal revolucionario de justicia.

 

            Amén

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4 respuestas a REVOLUCIÓN

  1. Pilar Gómez Suárez dijo:

    Como todas tus reflexiones un +10. Yusta, mis pensamientos son los mismos, pero no se escribirlo tan magníficamente como tú, y lo mejor tus propuestas….Basta ya de las políticas económicas capitalistas de individualizar el beneficio y socializar los riesgos de las empresas privadas, de austeridad y déficit cero a costa de la salud, la educación y el derecho a trabajar dignamente de las persona, de preocuparse por la confianza de los mercados especulativos y de no escuchar a los ciudadanos, nada de lo que esta ocurriendo tiene sentido….Y no queda otra cosa,
    que el despertar y la lucha de todos y decir basta ya como han dicho los mineros, y ojala ocurra lo que dices: “La lucha de los mineros del carbón debe ampliarse, extenderse como una mancha de aceite entre toda la clase trabajadora de Europa, y hacerse fuerte hasta ocupar los verdaderos centros de poder y ponerlos de verdad al servicio del pueblo”. Me gusta mucho esta frase porque resumen este pensamiento: “Si quieres llegar rápido camina solo. Si quieres llegar lejos camina en grupo”. Un fuerte abrazo Yusta y que sepas que Méncanta tu blog.

  2. Que la lucha de los mineros del carbón sirva para renovar e impulsar nuevas economías en esos territorios, que duramente van a poder seguir manteniendose, exclusivamente de la ancestral extracción…que existan planes de reconversión de estas economías hacia economias más actualizadas, aún con el aprovechamiento y la puesta en valor de los recursos

  3. Jose Manuel dijo:

    Unos crean malas ideas apoyados por el derecho constitucional recibido por el pueblo y otros tiene que ejercer de juez, lo cual no es agradable para nadie, es como el juego de la gallinita ciega, ¿quien tiró la piedra?, solo sabemos que, quien tiene que tomar decisiones son a los que ponemos en el punto de mira, habra que buscar el problema desde la raiz y aplicar serios correctivos a quien hace mal su trabajo, quizas el fracaso esta hay; los errores politicos junto con la mentira politica no estan castigados, y no busquen, a castigados pues no son precisamente eso, si no cabeza de turcos para aplacar la ira. Mi mayor apoyo a quien lucha por su vida, y defiende sus derechos y los de todos.

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