LA CIUDAD DE ROBOCOP

 A finales de los años 80 se estrenó la primera película de ROBOCOP, que narraba las peripecias de este superhéroe en la ciudad americana de Detroit, y se ambientaba en un futuro relativamente próximo (casi, casi podríamos decir que ya estaríamos en él).

             Con independencia de las aventuras y extraordinarias cualidades de este famoso personaje, claramente de ciencia ficción, la película contaba la situación del gobierno de la ciudad, en manos de una importante corporación económica, que incluso llegaba a tener a su cargo  a la propia policía. En aquella época, también se pensaba que esta situación era una exageración de la película; un elemento de ciencia ficción más.

             De alguna manera, también se dejaba caer el mensaje de que se había llegado a esa situación como consecuencia de las deficiencias de una clase política que habría dejado degenerar la ciudad, precisamente por gobernarla con criterios políticos y que la nueva corporación económica sería mucho más eficiente al aplicar criterios de eficacia económica.

            En aquella película todo acabó bien, porque en las “pelis” americanas casi siempre ganan los buenos, y porque todos nos quedáramos tranquilos de que aquello era sólo una película, que no tenía nada que ver con la realidad.

            Sin embargo, cada vez se observan síntomas más preocupantes, de que nos acercamos peligrosamente a esa situación, que creíamos de ficción, en la que la ciudad deja ser un lugar de convivencia ciudadana, gobernada por los ciudadanos, para convertirse en un objeto de negocio para las grandes corporaciones capitalistas,  pudiéndose señalar como el punto de partida del tramo final de esta carrera para convertirnos en el Detroit de Robocob, la modificación de la Constitución española que se operó con nocturnidad y alevosía en septiembre de 2011. En esa modificación se introdujo en nuestra constitución el siguiente párrafo:

             “Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la ley de emisión.”

             Posteriormente, y como al parecer no se quedaban tranquilos con semejante barbaridad, la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria, vino a dar la puntilla:

             “Artículo 14. Prioridad absoluta de pago de la deuda pública.

             …

El pago de los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones Públicas gozará de prioridad absoluta frente a cualquier otro gasto.”

            Las consecuencias prácticas de estas innovaciones son fáciles de imaginar, y además ya se están dejando notar, sobre todo en los Ayuntamientos: mientras que se le deba dinero al banco, no se puede gastar dinero en otras cosas: ni en salud pública, ni en seguridad ciudadana, ni en ningún otro servicio esencial: lo primero es el pago a la banca.

            Sin embargo, con ser durísimo lo que acabo de decir, lo que a mi juicio es verdaderamente grave, no son esas consecuencias prácticas, sino el significado moral que encierran:  el servicio de la deuda; es decir, el interés de las corporaciones financieras, está, con carácter absoluto, por encima de todo: de la salud pública, de la seguridad ciudadana, y en definitiva de la vida y de la muerte de los ciudadanos, porque lo primero es (con carácter absoluto, no se olvide), el pago de la deuda.

            Otra pata de este proceso es lo que podríamos llamar, la deslegitimación de la  clase política, a la que, dicho sea de paso, en muchas ocasiones suele coadyuvar, en forma consciente o inconsciente, la propia clase política. Y aunque podríamos citar muchos ejemplos de este proceso deslegitimador, pondré dos que ilustran suficientemente lo que quiero expresar:

            El primer ejemplo lo constituye el aireamiento que se suele hacer cada cierto tiempo del derecho de los diputados nacionales a una pensión vitalicia. Este derecho, expuesto en estos términos, levanta ampollas entre          la ciudadanía,   y es lógico que lo haga, porque nos dibuja una clase política, elitista y privilegiada,  frente a unos ciudadanos que tienen que cotizar durante décadas para lucrar una pensión en la mayoría de los casos muy reducida. 

            Lo que no se dice, es que esta norma se hizo fundamentalmente para cubrir las necesidades de pensión de muchos diputados que habían sufrido el exilio o la prisión durante la dictadura y que por este motivo no habían podido cotizar durante el tiempo suficiente. Y que al resto de los diputados, aunque no les viene mal, tampoco les hace mucha falta, puesto que normalmente todos cotizan como consecuencia de sus actividades profesionales, antes y después de ser diputados. A lo mejor a esta norma, con el paso del tiempo le hace falta actualizarla, o incluso se ha vuelto innecesaria, pero es un ejemplo claro de cómo algo, que se ha hecho con un fin dignísimo, se utiliza como un potente instrumento deslegitimador de la clase política.

            El otro ejemplo es mucho más reciente, y consiste en el anuncio que se ha hecho de una drástica reducción del número de concejales para las próximas elecciones. Este anuncio, además, se hace en un contexto de recortes económicos y de adopción de medidas de austeridad sin precedentes, con lo que se está enviando a la ciudadanía el mensaje de que los concejales son una carga económica inútil, y que por eso lo mejor es reducirlos.

             Lo que tampoco se dice es que la inmensa mayoría de los concejales de nuestro país no cobran nada, y actúan por altruismo o por llevar a cabo sus ideales políticos, y que los que cobran, precisamente por ser los que se dedican en exclusiva, esos no serán los que entren en la reducción proyectada.

Pero lo importante, es el mensaje que se deja: la clase política es inútil, costosa y poco eficiente.

            Paralelamente, los que tenemos ocasión y oportunidad de observar con cierto detalle en el mundo de lo público, estamos constatando la aparente paradoja de que mientras que a las Administraciones Públicas, hasta hace poco buenos clientes de los bancos, se les niega el acceso al crédito, y al común de los pequeños empresarios también se les ahoga financieramente, ciertas grandes corporaciones capitalistas, manejan una cantidad desorbitada, inconmensurable e incomprensible en estos tiempos de dinero metálico con el que se acercan a las Administraciones Públicas instándoles la privatización de servicios públicos esenciales, a cambio de un precio absolutamente irrisorio, en la seguridad de que los gobernantes no tendrán más remedio que claudicar o morir de asfixia económica.  Y no hablo sólo de los servicios públicos que clásicamente han podido ser otorgados en concesión, sino del ejercicio de funciones que siempre han sido públicas y que hasta antes de ayer creíamos que iban lo iban a seguir siendo, tales como la recaudación o la seguridad ciudadana, cada vez más privatizados.

Moderno y ecologico sistema de eliminación de residuos desarrollado por la iniciativa privada

   A lo mejor hay algún ingenuo que pueda llegar a pensar que esto es lo mejor; es decir, que frente a tanto político que nos pintan como corruptos (curiosamente en las grandes corporaciones financieras privadas nunca aparecen gestores corruptos), lo mejor es entregarnos a la gestión privada, porque allí  todo es bonito y eficiente. Mi experiencia, ya de más de 30 años en esto, me dice todo lo contrario: salvo contadas excepciones, estas corporaciones se suelen comportar con los servicios públicos como verdaderos depredadores, dejando tras de si una inmensa desolación cuando los abandonan.

            Su estrategia es casi siempre igual, se trata de explotar los servicios con el mínimo gasto posible, aunque ello redunde en el deterioro de las instalaciones, y cuando ese deterioro ya hace inevitable su renovación, se vuelven ofrecer a la Administración que corresponda para acometer la construcción de las nuevas, si hace falta con un proyecto diseñado por ellos mismos, y que ellos mismos financian generosamente a cambio, claro está de su perpetuación en la gestión.

            El final es la ciudad con su clase política deslegitimada, desacreditada ante su opinión pública, con la Administración en manos de la corporación financiera que corresponda…y sin ningún ROBOCOP que nos defienda.

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2 respuestas a LA CIUDAD DE ROBOCOP

  1. MANUEL-JESÚS FERIA PONCE dijo:

    QUERIDO JOSÉ AURELIO. CADA VEZ ME SORPRENDES MÁS CON ESA INTELIGENCIA INNATA QUE TIENES. COMPARTO TODAS Y CADA UNA DE LAS LETRAS QUE ESCRIBES. ERES UN FUERA DE SERIE POR DECIR TANTO EN ESTE ARTÍCULO. APROVECHO PARA DARTE MI MÁS SINCERA ENHORABUENA POR TRANSMITIR TANTA CLARIVIDENCIA. A MUCHA GENTE NO LE VA A INTERESAR “VER Y ENTENDER” LO QUE ESCRIBES, PERO OLVIDAN AQUELLO DE QUE, COMO TÚ HACES, “LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES”. ¿SABES? UNA PELÍCULA QUE NO HE VISTO HASTA HACE POCO HA SIDO “V DE VENDETTA” Y NO SABES LO QUE ME HA IMPACTADO EL MENSAJE QUE SE OCULTA TRAS LA PELÍCULA. RESULTA CURIOSO QUE DE TODAS LAS COSAS QUE ESTÁN PASANDO EL CINE NOS LA HAYA PREVIAMENTE TRANSMITIDO. YO CONFÍO EN QUE EN ESTE AÑO 2012, ÚLTIMO DEL CALENDARIO MAYA, SUPONGA EL INICIO DE UNA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL, LA MUERTE DE UN MUNDO Y EL NACIMIENTO DE UNO NUEVO EN EL QUE ENTRE TODO@S SE HAGA FRENTE A ESTOS DEPREDADORES Y SUPONGA EL TRIUNFO DEL HOMBRE, UNA VEZ MÁS, UN NUEVO “RENACIMIENTO” EN TODAS SUS FACETAS.

    UN ABRAZO MUY FUERTE Y ENHORABUENA, SIGUE ILUMINANDO, “FARO” ISLEÑO.

    MANOLO FERIA

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