LOS NUEVOS DICTADORES

 Los nuevos dictadores ya no mandan a sus sicarios a arrancarte de tu casa de madrugada; tampoco te dan el paseillo para pegarte cuatro tiros cobardes y dejarte abandonado en una cuneta o en una zanja que tú mismo has podido cavar previamente. Los nuevos dictadores ya no te encierran en una comisaría durante tres días y te torturan sin cesar; ni te censuran lo que escribes ni lo que lees.

Los nuevos dictadores han aprendido que cada vez que te arrancaban de tu casa; cada vez que a alguien le daban el paseillo, o lo torturaban en una comisaría, lo que iban haciendo era sembrar el germen de su propia destrucción, porque por cada ciudadano asesinado, físicamente torturado o por cada palabra censurada, se generaba rápidamente una corriente de solidaridad que se retroalimentaba con cada nuevo acto de represión que cometían y que finalmente terminaba siendo más fuerte que el dictador y acababa venciéndolo, de manera que a veces hasta terminaba corriendo la misma horrible suerte que las víctimas de su propia represión, como hemos podido comprobar recientemente.

Los nuevos dictadores son más demócratas que nadie; se presentan a las elecciones y las ganan; y si no las ganan les da igual, porque han sabido diseccionar perfectamente hasta donde deba llegar la democracia y de donde no debe pasar. Saben que no sólo no pasa nada porque durante cuatro u ocho años no gobiernen los suyos, porque en realidad ellos van a seguir mandando y además ese episodio pasajero lo que hace es darle una pátina de credibilidad al sistema. Es como el juego de los trileros (dicho sea con toda la intención), de vez en cuando hay que aparentar que se pierde para que la gente siga creyendo que se puede ganar.

 

 

 

 

 

 

Los nuevos dictadores ya no te dan el paseíllo porque han encontrado una forma más sutil, pero mucho más cruel y efectiva de matarte, que es la muerte civil: el destruirte en tu honor y en tu fama; de manera que tu muerte ya no creará un movimiento de solidaridad entre la gente, sino que la gente creerá que te mereces la muerte, porque te habrán presentado ante la sociedad como la peor de las criaturas. En definitiva,  para el dictador serás tan inofensivo como si estuvieras realmente muerto, pero encima disfrutará viendo cómo sufres el desprecio de los tuyos, y cómo encima lo aplauden a él por haber acabado contigo.

Los nuevos dictadores no necesitan torturarte, porque ya te sacan lo que necesitan de ti, y para eso cuentan con parlamentos dóciles, incluso aunque no cuenten en ellos con mayoría y disponen de una justicia arrodillada que sólo es fuerte con el débil y se humilla ante el fuerte.

 Los nuevos dictadores ya no necesitan que sus ejércitos miren para dentro (es más, prefieren que miren para fuera), se bastan con manejables cuerpos de policía que sofoquen eventuales salidas de tono, y con ejercitos de manipuladores de opinión y de feroces ejecutivos que a la orden de su amo, armados nada más que con sus impecables trajes, sus móviles, sus portátiles o sus tabletas último modelo, pueden arruinarte económica y socialmente antes de que ni siquiera empieces a imaginarte lo que te están haciendo

Los nuevos dictadores no necesitan censurarte lo que escribes; ni siquiera necesitan censurarte lo que lees. Al revés, les interesa que vivas el espejismo de una aparente libertad de expresión, para que, como ocurría con el ejemplo de los trileros, te creas que vives en una democracia. Pero ellos saben que pueden permitírselo, porque disponen de medios más que suficientes como para hacer que tu voz se diluya antes de que sea oída por más que clames contra ellos, porque saben que en el momento en que lo crean oportuno dispondrán de los resortes suficientes como mandar contra ti a cuantos “honrados opinadores”  sean necesarios para que te machaquen a través de los medios de comunicación. Allí, se cortarán las venas ante las cámaras de la televisión, ante los micrófonos de la radio o en las páginas de los periódicos y con su verbo fácil, te destruirán para ofrecerle a sus amos tu cabeza servida en una bandeja de infamias.

 

 

 

 

 

Los nuevos dictadores ya no te expoliarán ni te expropiarán lo que deseen de ti; simplemente mandará contra ti a los poderes finacieros, y te dejarán en la más absoluta pobreza, pero eso sí, todo de forma muy legal, y encima haciéndote creer que esa situación es culpa tuya por haber vivivo por encima de tus posibildiades,  o simplemente porque eres un inútil que no eres capaz de mantener tu negocio o tu trabajo. 

En fin, los nuevos dictadores no mueren lapidados en las calles a manos de los revolucionarios; los nuevos dictadores suelen morir en sus camas, y rodeados de acólitos, ingenuos y pelotas, con aureola de próceres de la patria, y con el país entero presto a reconocerle méritos y honores,

Y para mí, que cuando lleguen a ese momento supremo final, no podrán evitar un pensamiento último como el de ¡mira que hay tontos!

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2 respuestas a LOS NUEVOS DICTADORES

  1. Juan Manuel bendala Contreras dijo:

    Aunque estoy totalmente de acuerdo contigo, José Aurelio, en que hoy por encima de todo se trata de condenar al ostracismo al enemigo; no estaría yo tan seguro de que no intentaran gozar de nuevo del ejercicio de los paseíllos nocturnos y otros anexos si se les presentase la ocasión. Algunos siempre quieren teta y sopa.

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