VERDADES ABSOLUTAS. MENTIRAS COMO PUÑOS

 

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            En nuestra cotidianeidad estamos acostumbrados a aceptar acríticamente determinadas afirmaciones que se nos hacen como verdades absolutas e inmutables, sobre la que solemos construir nuestra particular visión de la vida y de los acontecimientos que nos rodean, de manera que podemos decir sin temor alguno a errar que esas verdades condicionan en forma más que trascendente nuestra forma de pensar y, sobre todo, nuestros comportamientos, y así, si eso lo trasladamos a los individuos que componen un cuerpo social determinado, resultará también que esas verdades que se aceptan como absolutas han terminado por definir también un modelo de sociedad determinado.

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   Pero ¿y si esas verdades no fueran tan absolutas? ¿y si fueran simplemente medias verdades o puros cuentos chinos que nos han injertado en los genes a base de machacarnos goebelianamente con ellas? ¿Y si con ellas, lo que estuvieran persiguiendo es que el cuerpo social permaneciera en el redil, si siquiera tener conciencia de que están en él? Detengámonos en alguna de estas verdades absolutas, con las que todo el mundo comulga:

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1ª.- “La democracia es el menos malo de los sistemas conocidos”. Esta socorrida frase, que como sabemos la dijo un político inglés que fue tan gran guerrero que ganó una guerra mundial pero que fue tan mal político que perdió las elecciones siguientes a su victoria bélica, da para mucho; sobre todo porque cuando se acaban los argumentos para defender el modelo de seudo democracia que tenemos, siempre queda esa especie de bálsamo de Fierabrás que acaba con toda discusión: “sí, pero esto es lo menos malo”, o lo que es lo mismo, que no vale la pena buscar modelos alternativos de democracia, que entrasen,  por ejemplo, en forma efectiva en el gobierno de la economía o que hagan real la utopía constitucional de que corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.

Es decir, que con esa manida frase lo que se consigue, consciente o inconscientemente,  es que el cuerpo social dé por bueno, lo que sólo es un sistema malo y así es reconocido por sus principales adalides.

2ª.- Los derechos fundamentales.  Con los derechos fundamentales pasa una cosa muy curiosa, que es que los que se llenan la boca invocando a muchos de ellos, son los que los manosean y lo terminan convirtiendo las más de las veces en instrumentos para conseguir privilegios o para sojuzgar de manera más o menos soterrada al cuerpo social. Pondré algunos ejemplos:

       Libertad de expresión. ¿A quién no le resulta atractiva la libertad de expresión? ¿Quién que se considere demócrata se atreve siquiera a ponerla en duda?, pero, ¿Por qué no se pone al mismo nivel el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz y a no ser desinformado? Otras veces he escrito en este blog que lo que se esconde en realidad tras la libertad de expresión tal y como la conocemos, no es más que la libertad de presión por parte de los grupos económicos que oligopolizan los medios de comunicación social, y por eso no me extenderé más, pero puedo terminar este apartado diciendo que a los ciudadanos de a pie, lo que nos han dejado es el derecho a elegir el medio que nos deforma, pero la verdad es que a través del mecanismo de una libertad de expresión mal entendida nos están continuamente adoctrinando para que no nos salgamos del redil. Y el hecho de que nos dejen a cada uno de nosotros la posibilidad de escribir un blog como éste no es más que un espejismo para hacernos creer que la libertad de ex-presión que tenemos es un derecho fundamental ¿Pero realmente es esa la libertad de expresión que queremos? ¿Realmente esta libertad de expresión es un derecho, o es la negación del mismo?

        imagesCASBP8JT    Libertad de empresa. Otra vez lo mismo; formulada en estos términos ¿quién se atreve a negar la libertad de empresa? ¿Quién puede pensar que eso puede llegar a ser malo?,  pero pensemos un poco más y veamos qué es lo que ha ocurrido en España, y en Europa, en los últimos años al amparo de la libertad de empresa.  Paseemos por las calle céntricas de cualquier ciudad y veremos cómo el comercio tradicional ha desaparecido; veamos como también van desapareciendo progresivamente los pequeños talleres, y los establecimientos que antaño gestionaban nuestros conciudadanos y que han sido sustituidos por grandes centros comerciales, que, salvo escasas excepciones, funcionan con personal sometido a condiciones laborales draconianas; o esta moderna forma de esclavitud con vaselina que son las franquicias, que constituyen una ingeniosa manera de conseguir que otro pague por vender productos de tu marca, poniendo a tu disposición un local con las dimensiones y características que tú previamente has diseñado en función de tus propios intereses y que acepte religiosamente las condiciones de venta que tú le impones unilateralmente. Y encima, le haces creer, y él se lo cree, que es un autónomo.

            En el otro extremo, las tiendas de chinos han terminado de dar la puntilla al comercio tradicional. Y no se intente ver ningún matiz xenófobo en mis afirmaciones. Simplemente, me limito a describir un fenómeno nacional consistente que estos ciudadanos, que provienen una cultura, al parecer casi esclavista, son capaces de mantener sus establecimientos abiertos durante un horario que ningún comerciante nacional está dispuesto a soportar; entre otras cosas, porque, con toda razón, piensa que él también tiene derecho al ocio y al descanso, y que la vida es algo más que las cuatro paredes de su tienda.

            Pero el final es que el famoso principio de libertad de empresa se está cargando la empresa tradicional  y nos está poniendo a los pies de las grandes multinacionales o el la alternativa de convertirnos en unos esclavos anclados día y noche, laborables y festivos, al pequeño tenducho que nos da para malvivir.

            En fin, que cabe preguntarse ¿realmente es esta la libertad de empresa que queremos como un derecho?

            Libertad religiosa.

 

            ¿Se le puede negar a alguien el derecho a profesar la religión que quiera o incluso a no profesar ninguna? Por supuesto que no. Esta es otra verdad que, formulada en estos términos, no es negada por nadie. Pero también tengo escrito en este blog que este derecho suele ser de carácter unidireccional, en el sentido de que la reclaman los grupos religiosos que no ostentan un lugar privilegiado en el Estado, y la suelen reclamar no precisamente para que sus fieles pueden profesar libremente, sino para ocupar ese lugar privilegiado, pero una vez que lo obtienen, de forma más o menos taimada, intentan aplastar a los grupos que profesan religiones distintas. Dos ejemplos, nos ayudarán a comprenderlo: el primero es el velo de las mujeres; si nos encontramos en un país católico, se ve mal que las mujeres islámicas lleven velo, pero no ocurre igual cuando el velo se lo ponen las monjas católicas. Al contrario, los islamistas de cualquier país católico piden libertad religiosa para que sus mujeres puedan llevar velo, pero cuando logran incrustarse en las estructuras del Estado, lo que hacen es imponer ese velo para la mujeres propias y en muchas ocasiones, reprimir a las monjas católicas.

Pero lo peor no es esto, que no es más que una anécdota; lo peor es que al amparo de esta libertad religiosa se adoctrine a los menores y les haga creer como verdaderas, historias tales como las de las mitologías de cada religión; todas las cuales, más o menos increíbles o fantásticas, terminan reconduciendo al ciudadano a la resignación en lo terreno con la promesa de una  futura recompensa en el paraíso, con huríes o no, según la religión que elijamos.

            Sufragio universal.

             Sé que este tema es muy sensible y por eso de momento no diré mucho, pero sí haré algunos apuntes; el sufragio no es un derecho con transcendencia puramente personal, como ocurre, por ejemplo, con el derecho a la integridad física. El sufragio, en la medida en que constituye un instrumento para elegir a los que nos gobiernan, tiene una transcendencia colectiva muy importante; no es lo mismo que se proteja la integridad física de una persona, que que se deje a un delincuente que participe en las decisiones de gobierno ¿o no? Si añadimos a lo anterior la capacidad de manipulación de los medios de comunicación, como hemos dejado expuesto más arriba, pues por lo menos habrá que pensar que eso del sufragio universal no es una verdad tan absoluta; al menos mientras no exista una derecho paralelo de los ciudadanos a no ser manipulados, y que, desde luego que los desaprensivos no puedan participar en el gobierno de los intereses generales a través de su derecho al sufragio, pues de lo contrario se corre el riesgo de que el instrumento por antonomasia de la democracia, se convierta en instrumento de la falsificación de la misma.

            Derecho a la intimidad y a secreto de las comunicaciones ¿Quién puede negar estos derechos? ¿Quién en su sano juicio es capaz de repudiarlos? Todos tenemos nuestro espacio de intimidad y todos queremos que se nos proteja. Pero examinemos qué ocurre en la práctica. En realidad quienes suelen invocar estos derechos son los que hacen un uso espurio de los mismos, pues, como regla general no existe (o al menos eso creo) una especie de Gran Hermano que se mete en nuestras casas, en nuestras cocinas o en nuestras alcobas. Es decir, todos tenemos claro que esos espacios deben ser respetados, pero ¿resulta admisible que al amparo de esos derechos se haya condenado al Juez Garzón por ordenar unas escuchas a unos delincuentes? ¿Resulta admisible que recientemente en Huelva se haya dejado en libertad a una banda de narcotraficantes porque las escuchas ordenadas por otro Juez no eran correctas? ¿Es este el derecho a la intimidad que todos reclamamos? ¿Realmente el derecho a la intimidad y al secreto de las comunicaciones está sirviendo para proteger a los ciudadanos o a los delincuentes más poderosos?

            En fin, que para muestra un botón y ahí he dejado varios. Podríamos seguir recorriendo el elenco constitucional de los derechos fundamentales y haciendo un estudio crítico acerca de los mismos; acerca de lo que su formulación teórica sugiere y lo que significan en la práctica. Y me atrevo a asegurar que las conclusiones serían igual de deprimentes.

            A la vista de todo lo anterior, yo entiendo que lo que procede es que cada uno de nosotros se haga una reflexión crítica similar a la que antecede; y seguramente  llegará a la misma conclusión que yo: que lo que vivimos es un sucedáneo de la democracia o, mejor, una dictadura económica disfrazada de democracia como única manera de poder perpetuarse sin que se produzca una rebelión social que acabe con ella.  Y lo que deseo es que finaicen con la misma esperanza que yo: que es posible otra democracia que no sea la menos mala, sino la mejor para el gobierno de los intereses generales de los ciudadanos y no de unos pocos oligarcas.

Amén.

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Una respuesta a VERDADES ABSOLUTAS. MENTIRAS COMO PUÑOS

  1. Esperanza dijo:

    Fantástico, buenas reflexiones amigo Yusta, si te paras a pensar y leyendo entre líneas tienes más razón que un santo.

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