COMPETITIVIDAD

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En este mundo que vivimos hay palabras que funcionan como vacas sagradas, todo el mundo las adora, todo el mundo las invoca y todo el mundo comulga con ellas entendiendo que lo que su significado encierra es la madre de todos los remedios para los males que sufrimos, cuando la realidad es que esa comunión no se hace con una hostia sagrada, sino con una rueda de molino que todo el mundo toma con devoción y, me atrevo a decir, con descojone descomunal por parte del oficiante que las imparte. Pero como ocurre con las vacas sagradas,  la realidad es que no son tan sagradas, y que lo único que hacen es servir de lastre, cuando no de impedimento absoluto,  para conseguir un desarrollo social armónico, justo e igualitario.

 

Una de estas palabras, es la tan invocada “competitividad”, que lleva unos años de moda  rabiosa, hasta el punto de que incluso ya tenemos un Ministerio de lo mismo. Y además, todos los políticos y todos los personajes rimbombantes las utilizan en sus discursos. Aquí todos tenemos que ser competitivos, aquí hay que sacrificar a la competitividad cualquier otra consideración; si no se es competitivo no se está en el mundo, no se es moderno y por tanto no está en la primera línea de donde se quiera estar. Aquí todo el mundo compite; se compite en el deporte, pero se compite también en los espectáculos, en la cultura, en las relaciones sociales, en política y, sobre todo, se compite en economía.

 

Pero ¿es tan buena la competitividad? O es, en realidad y como he avanzado antes, una inconmensurable rueda de molino con la que tenemos que comulgarnos a diario, queramos o no queramos comulgar? Hagamos una leve incursión crítica y diseccionemos a la vaca sagrada, aun a costa de cometer sacrilegio social.

 

Cabe decir en primer lugar que ni siquiera en el deporte, donde tiene su origen semántico la expresión comentada, puede decirse que la misma desempeñe una función totalmente benéfica. Es cierto que prácticamente no habría deporte sin competición, pero también lo es que la exacerbación de ese espíritu competitivo, muchas veces movida por intereses ajenos al propio deporte, lleva a fenómenos tan absolutamente repudiables como los de que los deportistas recurran a doparse, poniendo en peligro sus propias vidas, para intentar ser el primero en la competencia, olvidando, eso sí, que en el propio hecho de hacer trampas drogándose está la negación misma de tal competitividad. Y no quiero hablar de ese tráfico de lujo de carne humana que son los mercados de fichajes de los denominados deportes de élite.

 

Pero es en la economía donde el término está haciendo estragos. El sistema económico mundial está basado en la competitividad, lo que significa que sólo los primeros sobreviven y los demás sucumben. Y por eso nos dicen que tenemos que ser competitivos, porque si no lo somos, desapareceremos y otros ocuparán nuestro lugar. Y además, se nos dice que es la única manera de progresar.

 

Pero ¿es realmente así? Yo creo que no, y me explicare:

 

En primer lugar, no se puede menos que recordar que hablar de competitividad en economía es como introducir en la médula de nuestro sistema económico y social una especie de darwinismo, según la cual sólo sobreviven los más tramposos (iba a decir los más fuertes, pero me da que en esta carrera los únicos que ganan son los más golfos). Pero ¿qué pasa con los demás?  Un sistema en el que no exista sitio para los que no han logrado ser los primeros no debe ser aceptable bajo ningún punto de vista, porque junto a un ganador siempre queda mucha gente que no ha ganado y que por ello no tiene porqué perder su condición de persona ni su dignidad, ni vivir en la miseria.

 

En segundo lugar, no podemos tampoco dejar pasar que el discurso de la competitividad es, con perdón de la expresión, una mierda envuelta en un papel de celofán: siempre te dicen, tenemos que innovar en tecnología para ser más competitivo y tal y tal, pero al  final tenemos que reconocer que las innovaciones tecnológicas que nos pueden hacer más competitivos solamente tienen un margen de juego, y que al final nos vamos a los mercados de esclavos de Asia, América y África, encerramos en un local inmundo a un montón de esclavos, y contra eso no hay quien luche. Y si en algún momento, los avances tecnológicos pueden innovar algo, pues también nos llevamos esos avances tecnológicos a esos países esclavistas, y punto pelota. Los astilleros, la industria textil, la juguetera, la zapatera, la automovilística..  en fin, todo se nos está escurriendo por las alcantarillas de la competitividad, que al final lo único que produce son esclavos en el Tercer Mundo y parados en el Primero.

 

Yo creo que este libro hay que comenzar a escribirlo de nuevo. Las bases de la economía mundial debieran fundamentarse antes en la solidaridad que en la competitividad. Los que pierden también tiene derecho a vivir y los que ganan no pueden ganar a costa de todo. Quizás haya que empezar no por la idea de ser los primeros para no perecer, sino por la de procurar que todo ser humano por el mero hecho de serlo tenga derecho tener los medios necesarios para vivir dignamente en un medio ambiente sostenible, y a partir de ahí planificar la economía mundial, no tanto pensando en el beneficio económico como en el cumplimiento de ese objetivo solidario,

 

Pero para eso, me parece que tendrán que venir los míos, porque de lo que hay a la vista “ná de ná”

  1.  

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2 respuestas a COMPETITIVIDAD

  1. emiliodeisla dijo:

    Ser competitivos en términos económicos no es más que una forma elegante de justificar la reducción salarial de los trabajadores para acercarnos un poco más a las economías del tercer mundo, donde alcanzan un coste producción ínfimo a costa de mano de obra esclava.
    Ser competitivos, en la verdadera dimensión con que el sistema emplea el término, hoy en día no es sino dar un paso atrás en los derechos laborales y sociales de los trabajadores.
    Ser competitivos, economicamente hablando, debía ser alcanzar a un grado de excelencia en la producción donde el resultado final sea un equilibrio entre la calidad en el resultado final del producto, el bienestar social de quienes lo han producido y el grado de satisfacción de quienes lo consuman.

  2. Jose Manuel dijo:

    Ser competitivos hoy en día es; no dejar de rezar y que la Virgencíta de Carmen te deje al menos como estas, respirando que no es poco, que competitividad tenemos en España, la de quedarse parado en ultimo lugar eso es la competitividad que tenemos. (“Que desembarquen ya por dios”)

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