PERSONAL DIFICULTATIVO

Hay veces en las que los que trabajamos en la cosa pública nos vemos obligados a realizar actuaciones muy complejas, llenas de  dificultades y de matices, a las que no es ajeno el hecho del verdadero infierno normativo en que ha venido convirtiéndose el Derecho Administrativo español desde hace décadas, que más parece un campo minado que hay que atravesar cada vez que una Administración Pública quiere hacer algo, que lo que realmente debiera ser, esto es, un conjunto ordenado y claro de normas impregnadas de sentido común que materializasen el mandato constitucional de servicio a los intereses generales con objetividad y de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho.
CAMPO MINADO

Y es precisamente en esas situaciones complejas, en las que siempre hay algo que se carga el invento porque se infringe no se sabe qué Decreto, Orden Ministerial, Ordenanza o disposición de cualquiera que tenga carguillo y quiera dejarse sentir haya tenido a bien dictar. Y si ese algo no existe, siempre hay alguien que se encarga de hacer una interpretación de ese Decreto, Orden o norma, que termine haciendo que exista. Es en ese momento cuando uno se enfrenta a personajes como los que se describen en este artículo.

GRAF 10

Así, esta anécdota se produjo hace ya unos años con ocasión de que un grupo de abogados de la Administración  y otros juristas nos encontrásemos llevando a cabo unas gestiones muy complicadas y muy importantes, que nos hacían enfrentarnos a problemas jurídicos endiablados, derivados precisamente de ese infierno del que hablaba antes, que nos colocaban en situaciones inéditas en España, al menos hasta donde llegaba nuestro conocimiento. Dada la complejidad y la importancia del asunto que nos ocupaba, tuvimos que desplazarnos a distintos lugares en varias ocasiones, y podríamos decir que llevando toda la caballería que éramos capaces de allegar; funcionarios de primer nivel, Catedráticos de Derecho, primeros espadas de los bufetes más acreditados de España… en fin, todo un Cuerpo de Ejército Jurídico, pertrechado con la inmejorable artillería de sus argumentos en Derecho.

JURISTAS

El problema era que, dada la novedad que suponía la situación que se estaba intentando resolver, y la diversidad de instancias a las que había que convencer, que muy a menudo nos vimos obligados a mantener largas batallas dialécticas, sin que nuestro interlocutor de turno se mostrase siempre proclive a aceptar nuestros argumentos, llegando en ocasiones a manifestarse en forma claramente hostil, lo que a veces suponía jornadas de mucha intensidad, mucha tensión y a veces ratos de desesperación pues era muy importante lo que se estaba gestionando.

NEGOCIACIONES

Y fue precisamente en unos instantes de descanso de esas jornadas llenas de intensidad, mientras tomábamos una cerveza al mediodía, cuando a uno de nosotros se le ocurrió echar humor a la situación, analizando desde la jocosidad las actitudes de las personas que iban siendo nuestros interlocutores según se iba avanzando en la consecución de los objetivos previstos, y acuñó la expresión que encabeza este artículo, que me parece especialmente acertada: “Personal dificultativo”, que puede definirse como aquel que tiene un problema para cada solución.

CHUPATINTAS

A la vista del éxito del hallazgo, ya nos pusimos a identificar las distintas especies que caben dentro del género “dificultativo”, y sobre todo sus actitudes para rechazar cualquier argumentación que se le hiciera, aunque ellos no tuvieran a su vez argumentos para defender su posición: Llegamos a descubrir varias especies que, sin ánimo de exhaustividad, paso a compartir.

La primera es la del “eso no se ha hecho nunca”, que es una frase muy propia del burócrata acorralado por algún jurista indeseable que se le ha ocurrido ir a incordiar con alguna idea nueva, e interrumpir su plácida existencia fundamentada en la profunda filosofía de “aceitunita comía, huesecito fuera”.

aceitunita

La segunda es una variación del anterior, que es la de “eso es abrir un melón nuevo” y, claro, como tal melón nuevo supone un notable grado de incertidumbre que el indeseable jurista vuelve otra vez a provocar. De nuevo, tiene que venir este tío a joder la marrana, con lo tranquilo que yo estoy aquí con mi existencia fundamentada en la también muy profunda filosofía de “sota, caballo y rey”.

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Y la última, que es ya el recurso final una vez que se ha sido capaz de sortear las fases anteriores, es la del “pues yo no lo veo”; expresión que se manifiesta siempre acompañada con una inclinación lateral de la cabeza, y fingiendo hacer un esfuerzo cuando se habla similar al que se hace cuando se está haciendo alguna necesidad mayor. Con esa intensidad en la expresión y con el cabezazo sesgado, se le otorga al “yo no lo veo” una dimensión que confiere al que lo profiere una situación de absoluta inaccesibilidad a los argumentos que le puedan esgrimir de contrario. Frente a un “yo no lo veo”, dicho con la intensidad suficiente y con el grado conveniente de inclinación de la cabeza, no hay argumento que valga; ya desembarque la caballería o ya lo haga la Armada completa; un “yo no lo veo” bien dicho hace inexpugnable al que lo formula y lo eleva a la cota de aquel que queda por encima de las razones de los demás, porque normalmente se fundamenta en la roca de la ignorancia o en la de la estulticia, que suelen ser los más firmes basamentos sobre los que se asienta gran parte de la actividad de estos personajes.

grupo naval

En fin, que seguro que hay más categorías, pero para quince minutos tomando una cerveza, nos cundió la investigación ¿o no?

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3 respuestas a PERSONAL DIFICULTATIVO

  1. Paula dijo:

    Ocurre en todo el profesionariado. Yo he vivido lo mismo desde mi tarea docente. Yo hago “cosas raras” en la clase, yo no “doy matemáticas”, “ese no es el temario”… por lo que te entiendo y lo peor de estas situaciones que o bien no se acaba haciendo lo que honestamente pensamos es un bien para el colectivo para el que se trabaja, o se hace con el miedo en el cuerpo de que te pueden abrir un expediente o incluso presentarte una denuncia por vía judicial. Y entonces, nos seguimos desenvolviendo en el inmovilismo.
    Sigue dleiténdonos con tus reflexiones que nos enriquecen y animan. Un abrazo. Paula

  2. Susana dijo:

    Qué razón tienes…no obstante no se librarán fácilmente de los que tratamos de abrir nuevos y buenos melones cada día….a por ellos que son muchos, pero cobardes!

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